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© Mauricio Martinez R..
PROYECTO GAGAKU
Universidad de Stanford

EL PODER DE OKINAWA
Las Raíces Musicales de las Islas Ryûkyû
Por John Potter

1. Las Raíces de Ryûkyû

Danzas, festivales y entretenimiento

Danzar es una parte integral de estilo de vida okinawense incluso en la actualidad, aunque no siempre ha sido tan relajado y las danza clásicas originales que todavía se mantienen vivas hoy fueron asuntos formales y elegantes reservadas para ser ejecutadas en frente de la realeza y de visitantes de la nobleza.

Existen varias escuelas o estilos de danza clásica tradicional y aunque se conservan de una manera más bien artificial con el apoyo del gobierno prefectural y por un pequeño número de devotos, aún así Okinawa tiene abundancia en artes escénicas comparada con otras partes del Japón, tanto que ha sido llamada la “Isla de los Cantos y las Danzas”.

Sobre esta situación la Junta de Educación de la Prefectura de Okinawa explica que la posición geográficamente aislada de las islas ha contribuido a que sean capaces de preservar su propia cultura sin mayor interferencia foránea. Además, los días gloriosos del Reino de Ryûkyû fueron una época en la que se llevó a cabo una gran actividad comercial con otros países del Sudeste Asiático y se absorbieron inevitablemente costumbres y conocimiento extranjero. Una tercera razón para el alto valor de las artes escénicas de Okinawa era que durante la época del Reino de Ryûkyû no solo se rechazaba el uso de armas sino que además estuvieron prohibidas por largo tiempo. A cambio se decidió demostrar el prestigio del reino a través del desarrollo de las artes y se animó a personas conectados directamente con el rey a aprender a tocar el
shanshin y a estudiar danza. Es así como se hacían presentaciones para las delegaciones de visitantes chinos.

Las danzas pueden en general ser categorizadas en dos clases: clásicas y populares. Las danzas clásicas se conocen como
ukanshin-odori y fueron desarrolladas bajo el patrocinio real para presentaciones en ocasiones especiales de la corte, mientras que las danzas populares se conservaron entre la gente común. Muchas de las danza clásica conocidas en la actualidad provienen del repertorio de un hombre -Chokun Tamagusuku- quien fue nombrado en 1715 para desarrollar las danzas cortesanas reales. Él escribió muchas danzas las cuales se siguieron interpretando regularmente hasta 1879 cuando se abolió el reino y este se convirtió en una prefectura japonesa. Tamagusuku también desarrolló el importante género conocido como Kumi-odori, el cual es una mezcla de canciones, danza y teatro, sobre temas de la historia y el folclor okinawenses e incluye elementos tomados de los teatros Noh y Kabuki japoneses al igual que de danzas tradicionales nativas del pasado. También hay influencias en Kumi-odori de China, Tailandia e Indonesia. La primera obra fue escrita por Tamagusuku para entretener a los enviados chinos al Reino de Ryukyu y fue interpretada en 1719. Muchas obras de Kumi-odori han sido escritas desde aquella época pero en la actualidad tan solo sobreviven 38 textos de este tipo de danza-teatro.

En contraste con las danzas cortesanas más formales y la danza-teatro, también existe una forma de danza entre la gente común la cual apareció en el campo hace mucho tiempo cuando se reunían luego de un día de trabajo para descansar. La danza conocida como
katcharsee (a veces escrita kachashii) siempre se ejecutaba en esa época como acompañamiento a las canciones folclóricas y al sonido del sanshin y todavía se puede ver en cualquier parte en las islas en la actualidad. También se ejecuta en bodas e incluso a veces en funerales. Como una forma de danza libre, esta incluye levantamiento de brazos y giros de las manos, con movimientos de piernas relativamente leves -de hecho, completamente opuesto a las danzas irlandesas que enfatiza el movimientos de pies y con las manos rígidas a lado y lado. La animada katcharsee es característica de los okinawenses cuando juegan y es mostrada y ensañada con regularidad a los turistas japoneses que visitan bares de música en el barrio de entretenimiento de la bulliciosa y moderna Naha, la capital de Okinawa.

Existen varios festivales en las islas y son de diferente estilo. Hoy en día son famosos grandes eventos modernos tales como halar el lazo en la ciudad Naha o la carrera de botes dragón que se lleva a cabo en muchas islas. La carrera del dragón es especialmente famosa en Itoman, al sur de la isla principal, donde hay una gran comunidad pesquera tradicional. Sin embargo, cada isla tiene muchas congregaciones pequeñas con frecuencia relacionadas con la veneración a los ancestros o a las ofrendas o agradecimientos por las buenas cosechas. Los okinawenses nunca han sido muy rápidos en la adopción de lo que es para ellos las “nuevas” religiones introducidas a sus islas, tales como el Budismo, y en particular han mostrado poco interés en el Cristianismo -para el disgusto de misioneros tales como Bettleheim. Durante la época del Reino de Ryûkyû se dice que no tenían casi interés en discusiones religiosas o filosóficas. Su interés en religión todavía no es profundo, pero han conservado hasta cierto grado sus propias creencias nativas relacionadas con diferentes dioses y espíritus (
kami-sama) conectados con la naturaleza, y con sus propios ancestros, y muchos festivales surgieron a partir de esto. La posición de las mujeres como sacerdotisas en la religión nativa también ha sido importante, especialmente en el pasado. Estas mujeres -llamadas noro- fueron originalmente nombradas por la corte real durante la época del Reino de Ryûkyû. Las que todavía permanecen son llamadas para que tomen parte en las ceremonias y festivales de comunidades locales. Así que aunque el Budismo, Shintoísmo y Cristianismo están todos bien representados, la gente sigue principalmente las creencias de su religión indígena en la cual la mujer juega un papel protagónico. Los kami-sama son vistos más como un tipo de energía espiritual, siempre presentes y que residen en la tierra y en el mar. Un número de prácticas y creencias que pueden ser consideradas como supersticiones por los foráneos, todavía son aceptadas ampliamente por muchos okinawenses.

Una forma tradicional de poesía conocida como
ryuka todavía se escribe en Okinawa. Esta es similar a la tanka japonesa y está compuesta de 4 líneas de 8-8-8-6 sílabas. Antiguamente la burguesía se entretenía con buenas tertulias, picnics y paseos al campo, y escribiendo estos poemas los cuales los intercambiaban entre ellos. Se dice que este tipo de vida relajado y sin afanes de los okinawenses irritaba mucho a los samurai Satsuma quienes deseaban que los okinawenses se ocuparan con asuntos de estado más “importantes”. Pero la gente común también escribía ryuka y uno de los poetas más famosos en Okinawa fue la campesina del siglo XVIII Nabi Onna, quien escribía poemas al terminar las labores del campo cuando sacaba el laúd sanshin. Al menos uno de sus poemas en conocido hoy día y ha sido citado innumerables veces en Okinawa. Otra poeta de la misma era fue Chiru Yoshiya quien fue vendida para ser prostituta y falleció a los 18 años de edad. Aunque muy diferente en principio, sus poemas, como la mayoría de otros en su época, tenían que ver principalmente con el amor. Hoy sobrevive la poesía ryuka y se podría decir que florece. Misako Koja, antigua líder de las Nenes, me ha escrito tres veces y adjunta sus propios poemas ryuka escritos a mano, lo cual dice es su forma favorita de expresión. Y la agrupación japonesa de alto nivel, Southern All Stars, produjo un sencillo en la década de 1990 (también interpretado por la Nenes) titulado “Heiwa no Ryuka” (Poema de Paz), el cual tiene que ver con la situación en Okinawa.

Un evento tradicional que sin duda impresiona a cualquier visitante extranjero (y eso también incluye a japoneses), el festival
Eisa que se celebra en todas las islas durante julio, es posiblemente uno de los más atractivos y sin duda uno de los más curiosos y vivos. Tambores taiko grandes y pequeños son percutidos por bailarines con trajes vistosos que participan del festival. Este es el equivalente al festival Obon japonés de agosto. Eisa fue inicialmente un canto budista dedicado a los ancestros, quienes se dice, regresan en esta época. Los bailarines se presentan en las calles y en el campo y cada poblado tiene su propio estilo. Últimamente las canciones eisa han sido adaptadas por muchos músicos modernos tales como Shoukichi Kina, cuya canción “Earth Spirit” es un arreglo moderno de la canción eisa original interpretada por una  mezcla de instrumentos tradicionales y modernos, mas bailarines y percusionistas. El músico moderno Toku Yonaha también ha grabado un álbum completo de eisa de su región, Chatan. Eisa es todavía muy popular entre los okinawenses jóvenes y se llevan a cabo varios concursos para mostrar a grupos individuales de bailarines eisa de las islas.

Otro festival que incluye mucho la danza es el de
shishimai, o danza del león, que puede llevarse a cabo en varias épocas durante el año y es común tanto a Japón central como a Okinawa. Sin embargo, en Okinawa este se celebra casi siempre en verano durante la época del Obon. Jóvenes vestidos como leones y con máscaras de león danzan usualmente en lugares públicos con el fin de exorcizar la mala suerte o alejar los malos espíritus. Hace unos años asistí a uno en la isla de Ishigaki y fue una experiencia inolvidable. Llevado a cabo en el área frente a una casa en la aldea de Shirako en una noche calurosa, los leones danzaron hasta muy tarde acompañados de varios intérpretes de shashin. Bebes y niños fueron ofrecidos a los leones por parte de la multitud de asistentes y las festividades que le siguieron al festival continuaron en las calles durante casi toda la noche donde se siguieron interpretando los sanshin, las danzas improvisadas, además del consumo de cerveza y licor awamori local.

El gusto de la gente por la música, que está omnipresente en todas las reuniones locales, se reporta con frecuencia, y George Kerr lo documenta muy bien en su propio estudio,
Okinawa, The History of an Island People. Él comenta que desde los registros más antiguos y aparentemente en cada ocasión, se encontraba una excusa para incluir la danza. La vida social y emocional desde el comienzo se centraba en la danza al aire libre y también alrededor del canto, música, poesía y los picnics. Cualquier reunión familiar, ya sea festiva o triste, terminaba en cualquier tipo de representación improvisada. Un visitante holandés de finales del siglo XVII se encontró con que la gente de Okinawa era bondadosa y alegre, y que siempre se entretenían después del trabajo bebiendo y tocando instrumentos musicales. Incluso cargaban sus sanshin hasta los cultivos, listos para ser interpretados. Este fenómeno de cargar los instrumentos hasta el trabajo también fue comentado en el siglo XIX por otros visitantes, y el mismo Kerr vio barqueros, policías y agricultores cargando sus sanshin en 1952. Desde comienzos del siglo XVIII, el importante estatus de los músicos fue reconocido cuando el gobierno en Shuri creó el cargo de Director en Jefe de Shamisén (Sanshin) en 1710, y con frecuencia se concedían grandes honores a los músicos. Kerr encontró sorprendente que casi todos los extranjeros que visitaron Okinawa hasta mediados del siglo XIX comentaron sobre la naturaleza suave y gentil de su gente y de su gran amor por la música y sus grandes destrezas  en canto y danza. Tanto pescadores como agricultores interpretaban música y bailaban en la playa o en el campo y esta tradición sigue viva hoy en día. La situación era tal que a mediados del siglo XIX, dos meses luego de la última visita del Comodoro Perry a Naha, se emitió una serie de regulaciones para los okinawenses por parte del clan Shimasu en Satsuma, prohibiendo el canto, la danza y la interpretación del laúd sanshin mientras los barcos extranjeros estuvieran en puerto.

      

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