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LA DANZA CONTEMPORÁNEA EN JAPÓN EN LOS 80

Por Miyabi Ichikawa (publicado originalmente en 1990 por la Fundación Japón)



5. El Ambiente para los Bailarines Japoneses


Con frecuencia escuchamos historias que dicen que los bailarines en los Estados Unidos están tan ocupados con sus manos como con sus pies. Lo que quiero decir es que están ocupados con sus maquinas de escribir, llenando formularios para todo tipo de becas. Sin embargo últimamente, debido a los problemas en la economía de los Estados Unidos, el gobierno ha recortado el presupuesto para actividades culturales. Uno se pregunta si el hecho de que en ese país no se haya creado en los últimos años una obra de dnaza contemporánea que realmente impresione, sea debido al reducido apoyo financiero a los artistas. Hace dos años, Eiko, de "Eiko & Koma", propuso que las corporaciones japonesas ofrecieran asistencia ya que la economía japonesa estaba en buena forma y los negocios japoneses prosperaban, y que algo tenía que hacerse para rescatar a los bailarines de los Estados Unidos del estado de pobreza en el cual muchos de ellos vivían. En verdad existe apoyo financiero para coreógrafos en los Estados Unidos, pero los bailarines prácticamente nunca reciben becas y son forzados a automantenerse trabajando como meseros o dependientes de una tienda.


La misma situación existe en Japón. El mercado para danza es pequeño; las funciones se dan solo en Tokio y son pagadas del propio bolsillo de los bailarines, quienes raramente llevan sus trabajos a áreas fuera de la capital. Esto hace del desarrollo de compañías profesionales algo prácticamente imposible. En la actualidad posiblemente solo dos grupos, las compañías Teshigawara y Sankaijuku, se pueden sostener por sí mismas. La mayoría de los demás bailarines se mantienen trabajando como meseros o vendedores como en los Estados Unidos, mientras que los que son un poco más afortunados sobreviven dictando clases de danza a niños.


El número de fundaciones que dan becas en Japón ha aumentado en los últimos años, pero no al nivel de subsistencia para los bailarines. Para que los bailarines se puedan mantener con la danza, los grupos posiblemente tienen que promocionarse mucho más fuera de Tokio y en otros países. Las becas en Japón tienen dos problemas: muchas de ellas no están abiertas a personas individuales, mientras que muchas de las otras cubren tan solo la mitad de los gastos del artista. Ya que el tener una personería jurídica es útil cuando se solicitan becas, todos quisieran formar alguna agrupación, pero para establecer una fundación o corporación es necesario poseer un capital de 200 millones de yenes. Sería importante si personas individuales pudiesen solicitar las becas y yo enfatizo sobre este punto cada vez que tengo la oportunidad.


Existe una gran diferencia en la actitud de los bailarines hacia las becas en los Estados Unidos y en Japón. En los Estados Unidos se les da beca a los bailarines, quienes luego pueden hacer una función, pero también se le da beca a teatros, de tal forma que en muchos casos el bailarín tiene que correr con todos los gastos de la sala. Sin embargo, ya que una beca es una precondición para la actividad de la danza en escena, una reducción en el presupuesto de National Endowment for the Arts posiblemente va a tener un fuerte impacto en el mundo de la danza en los Estados Unidos. Por otro lado, en Japón es una práctica normal que los bailarines paguen por sus gastos y nadie considera que esto sea extraño. Los hijos de familias ricas reciben asistencia de sus padres, pero otros deben resignarse a tener pérdidas de hasta 2 millones de yenes y luego ahorrar desesperadamente por todo un año con el fin de hacer una sola función. Por supuesto que los gastos necesarios incluyen el costo de la sala y honorarios para el personal técnico y para los demás bailarines. No importa qué tan malas sean las condiciones económicas en Japón, y aun cuando el gobierno no da asistencia la actividad escénica ha sido y continúa siendo patrocinada por el bailarín individual. La única cara buena de esta imagen es que la actividad artística no se estanca en Japón como resultado de la reducción de becas, como parece ser el caso en los Estados Unidos.


Una de las debilidades del bailarín japonés se puede encontrar aquí. Debido a que él paga por el costo de la puesta en escena, es también libre de ignorar los comentarios de la crítica y del público, de tal forma que la actividad no puede ser planeada con base en evaluación objetiva. Esto empeora la falta de profesionalismo. Entiendo que recientemente este fenómeno se ha hecho incluso internacional, con bailarines japoneses yendo a Nueva York a presentarse por su propia cuenta y gasto. En general pienso que sería mejor no presentarse cuando los productores y presentadores locales no están interesados, ya que siguiendo adelante con una función no solicitada no producirá necesariamente resultados positivos. El proceso de selección para las becas es importante a este respecto, no solo porque proporcionan apoyo financiero sino también porque le da a los bailarines un sentido de profesionalismo.

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