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Obras

2- Shuramono (batallas) o Asuramono (Guerreros)



SANEMORI


Autor: Zeami Motokiyo (1363-1443)

Categoría: III- Shuramono (batallas) o Asuramono (Guerreros)


Personajes:


-Monje Taami Yugyo Shoin (waki o actor secundario)

-Dos ayudantes (waki-tsure o actores acompañantes del waki)

-Habitante de la zona (ai-kyôgen o actor de kyôgen)

-Anciano (shite o actor principal en el primer acto. Emplea máscara)

-Fantasma de Saito Betto Sanemori (shite en el segundo acto. Emplea máscara)


Lugares: Shinowara en la Provincia de Kaga.


Esta obra toma como fuente principal la "Historia del clan Heike" (Heike Monogatari), la crónica militar más famosa del japón que se refiere a los días de hegemonía de los Taira (Heike) durante cerca de veinte años y los cinco años de guerra con los Minamoto (Genji), esto es a partir de 1160.


Saito Betto Sanemori fue un famoso guerrero que luchó en el bando de los Taira (Heike) en contra de los Minamoto (Genji), aunque tiempo atrás había pertenecido al bando contrario. No se sabe con certeza el año de su nacimiento pero se dice que murió en 1183 cuando tenía cerca de 60 años. Ya siendo maduro y con cabello blanco, cambia el color de su pelo para parecer más joven y así poder combatir contra los guerreros jóvenes aparentando juventud. Es muerto en batalla y se dice que cuando su cabeza es llevada como trofeo ante el bando contrario, casi no lo reconocen por causa de su cambio de apariencia.


Esta obra en dos actos, del famoso dramaturgo y creador del teatro Noh, Zeami Motokiyo, sigue la estructura de muchas obras en cuanto que conserva la presencia de un espíritu en el cuerpo de un humano en el primer acto, en este caso un anciano, y en el segundo acto este espíritu revela su naturaleza. La única diferencia notable con otras obras de esta categoría es que el héroe principal es un anciano.


El tema central es la aparición del espíritu de Sanemori. Este espíritu no es el de un guerrero vengador, sino un alma en pena que no ha logrado encontrar la paz.


Primer acto. Entra el monje con dos acompañantes. Luego entra un habitante de la zona quien explica que el monje está de visita haciendo frecuentes sermones para la gente del lugar. Se rumora que este hombre santo se comporta en forma extraña ya que suele hablar consigo mismo. Es la misión de este lugareño averiguar la razón de tal comportamiento.


Un día el monje y sus dos asistentes están rezando cuando de pronto, atraído por las oraciones, aparece el fantasma de Sanemori en la forma de un anciano. Queriendo escuchar más claramente los cantos, teme que su decrepitud no le permita siquiera acercarse un poco más al templo. El monje, percibiendo su presencia, lo invita a unirse al servicio sabiendo que es un espíritu que nadie más que él puede ver. Al preguntarle por su nombre Sanemori dice que es tan solo un insignificante ser que deambula por estas remotas tierras, y que si fuera alguien de importancia podría decirle su nombre.


El espíritu se maravilla porque hasta tan remoto lugar ha llegado este santo y no puede menos que compararlo con la presencia del mismísimo Buda quien ha venido a salvar su alma. El anciano siente que es muy afortunado. El monje insiste en saber su nombre y a esto el anciano comienza el relato de la batalla de Shinowara y revela finalmente que él es el espíritu de Sanemori, un alma en pena que no ha podido encontrar la paz luego de más de doscientos años. Luego de relatar sus sufrimientos, desaparece.


El lugareño se acerca al monje para cuestionarlo sobre el significado de los susurros que estaba emitiendo, ya que nadie sabía de la presencia del fantasma. Luego de escuchar la explicación el lugareño abandona el lugar no sin antes pedirle a la gente que asistan a las oraciones en nombre del espíritu de Sanemori.


Segundo acto. Se inician las oraciones y en ese momento aparece Sanomori quien empieza a aproximarse para unirse a los demás invocando el nombre de Buda: Namu Amida Butsu. El monje se maravilla al ver la presencia que viene del otro lado del lago. Es el mismo anciano del día anterior, pero esta vez lleva su traje de batalla. Son los recuerdos de sus días de gloria y también del momento de su muerte, pero se dice que estas vestimentas son inútiles y que tan solo las palabras sagradas de alabanza lo conducirán seguro hasta el Paraíso. Basta con invocar el nombre de Amida para liberarse de todos los pecados, dicen. Basta con aspirar a la Tierra de Buda para liberarse de todas las ataduras terrenales. Ha llegado el momento de entrar al lugar que tanto se añoró.


Sanemori describe el momento de su muerte y la forma como el enemigo no pudo reconocerlo al instante debido al cambio en el color de su pelo. Siendo un hombre ya maduro no podría participar de la batalla y por tanto pintó su blanco pelo para que pareciera el de un joven. Al describir con detalles lo referente a su última batalla y su muerte, se dice que el espíritu estaba espiando sus pecados y limpiando su mente de todas las impurezas.

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