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© Mauricio Martinez R..
PROYECTO GAGAKU
Universidad de Stanford

PATRIMONIO
CULTURAL

“Las Artes Escénicas Folclóricas: Cultura Tradicional en el Japón Contemporáneo”

Por Barbara E. Thornbury

Traducido y publicado bajo el permiso de la autora y de ZUNY Press


Generalidades


He visto los faroles nebuta desfilando por las calles en verano detrás de sus tambores gigantes…he observado a los bailarines Emburi hacer sus pasos en el hielo de febrero al amanecer en la Colina Choja…

-Booth 1995:36



1. Tener la experiencia de ver las artes escénicas folclóricas hoy


Las artes escénicas y los festivales folclóricos de Japón los cuales usualmente van de la mano hacen parte de los sueños de los viajeros. Ellas transforman las calles citadinas atestadas de carros en espectaculares rutas de desfiles llenos de grupos de danzarines y músicos bien organizados. Convierten santuarios remotos en teatros acogedores donde una serie de personajes surgen de un guión que posiblemente es desconocido en el repertorio profesional.


Las artes escénicas folclóricas se caracterizan por el contraste y diversidad. Intérpretes expertos ataviados con máscaras y trajes de animales salvajes ficticios, que son las estrellas habituales de festivales y programas culturales folclóricos locales fuera de las ciudades, son parte de las artes escénicas folclóricas- al igual que los son los estudiantes de escuela quienes están hasta ahora comenzando a manejar las complejidades de la manipulación de títeres y de las artes musicales y narrativas que son tradiciones escénicas en el lugar donde viven.


En un día determinado del año se presentan las artes escénicas en algún lugar de Japón. Sin embargo no siempre es fácil enterarse de dónde y cuándo se presentan. Las guías turísticas publicadas para turistas interesados en festivales son un buen comienzo. Junto con unos pocos parágrafos sobre la historia y características principales de un festival y de las artes escénicas folclóricas conectadas con este, los libros con frecuencia incluyen el número de teléfono de la cámara de comercio o de la oficina de turismo, que sin duda deberían ser consultadas ya que la hora y la locación de los eventos podrían cambiar de un año a otro. Los festivales y las artes escénicas folclóricas son también anunciadas con frecuencia en afiches colocados en los trenes y, en artículos de periódicos  y revistas y en programas de televisión y radio.


Cuando hablamos de las presentaciones de artes escénicas folclóricas no conectadas con festivales, cualquiera que se mantenga al tanto de los eventos culturales del momento probablemente al menos sepa sobre las funciones en locaciones centrales y de alto nivel tales como el Teatro Nacional en Tokyo. Sin embargo, muchos programas son principalmente anunciados localmente. El que quiera ver determinada artes escénica haría bien en contactar el buró prefectural y municipal para visitantes. Los miembros de la Sociedad de Artes Escénicas Folclóricas quienes asisten a los seminarios y reuniones del grupo reciben siempre panfletos que anuncian las próximas presentaciones en locaciones en todo Japón. Aquellos que se unen a la Asociación de Artes Escénicas Folclóricas del Japón también reciben un boletín periódico donde aparecen las funciones futuras.


Las breves reseñas de la media docena de eventos que siguen tienen como propósito dar una idea de algunas de las ocasiones, entornos y tipos de presentaciones que reflejan las artes escénicas folclóricas del Japón hoy. Es una pequeña muestra pero esta también sirve para ilustrar diferentes perspectivas que las artes escénicas folclóricas ofrecen sobre la cultura tradicional (o a veces, lo que pasa en la cultura tradicional) en el Japón contemporáneo.


Para el estudiante de artes escénicas folclóricas y de artes escénicas en general, el Kasuga Wakamiya Onmatsuri (el festival del santuario Kasuga Wakamiya) en la ciudad de Nara, prefectura de Nara, es un verdadero “banquete” (Misumi 1982b:66). Desde las 3 de la tarde del 17 de diciembre y hasta después de las 10 de la noche, grupos de intérpretes se turnan para presentar diferentes estilos de danza y teatro -kagura, Azuma asobi, dengaku, seinoo, sarugaku, bugaku y Yamato mai. Aunque sin duda las interpretaciones han cambiado con el tiempo, todas poseen linajes que se remontan al menos al siglo XII, cuando se iniciaron los festivales. En las presentaciones se pueden apreciar vestigios de entretenimientos cortesanos y de artes escénicas que originalmente podrían haber sido traídos a Japón desde Corea y China.


El escenario para las funciones es una área como un parque con césped a lo largo de la avenida principal que conduce hasta el Santuario Kasuga, el principal santuario del cual hace parte Kasuga Wakamiya. Se erige una pequeña edificación temporal tipo santuario llamado tabisho, el cual permanece durante el festival. La oscuridad y frío de la noche de diciembre es iluminada por fogatas y la atención de los espectadores es capturada por las reverberaciones de los tambores, el sonido agudo de las flautas y la imagen de los ataviados intérpretes, por ejemplo, en los coloridos y adornados trajes y máscaras sobrenaturales de bugaku y los fantasmales trajes y rostros blancos que cubren a seinoo. El movimiento de los bailarines tiende a ser lento y repetitivo, con un efecto más hipnótico que aburrido. El sonido ocasional de los cantos es probable que sea ocasionalmente acallado detrás de las máscaras o simplemente superado por la música. Los espectadores están listos: vienen equipados con explicaciones detalladas en un panfleto publicado por el santuario.


Otros eventos del festival de Kasuga Wakamiya incluyen una procesión temprano en el día por decenas de gente vestida en trajes de época. El desfile empieza en el edificio de la oficina prefectural en la ciudad y sigue su camino a lo largo de avenidas majestuosas de Nara, llegando finalmente a la construcción temporal del santuario. Antes de que se inicien las danzas y obras, existe otra oportunidad de ver presentaciones: en la “ceremonia bajo el pino”, un breve espectáculo presentado por los grupos artísticos en el sitio donde se dice estaba el modelo para el venerable pino que se pinta en la pared anterior de los escenarios de Noh.


Las presentaciones en el tabisho son el climax del Kasuga Wakamiya Onmatsuri. Desde una perspectiva religiosa, aquí las artes escénicas son ofrendas a la deidad en cuyo honor se lleva a cabo el festival. Cuando las presentaciones terminan, la deidad es escoltada desde el santuario temporal hasta su morada permanente dentro de los precintos arbolados cerca a las construcciones principales del Santuario Kasuga. El festival en su totalidad termina temprano en la tarde de diciembre 18, con la presentación de Noh y Kyôgen por parte de actores profesionales en el lugar del tabisho.


Una de las conversaciones más interesantes que he tenido sobre el tema de las artes escénicas folclóricas fue con un oficial del Santuario Kasuga. Él me habló de las dificultades en reclutar intérpretes voluntarios de entre los ocupados residentes de Nara para las danzas y obras y la procesión con trajes, y para reunir los fondos necesarios para comprar trajes y equipos para el enorme y multifacético Kasuga Wakamiya Onmatsuri. En principio totalmente opuesto en promover las artes escénicas folclóricas como eventos turísticos, el Santuario Kasuga es un consumado gestor de lo que por mucho tiempo han sido grandes eventos religiosos, culturales, y seguramente, turísticos. El festival ofrece un complaciente contexto para las artes escénicas folclóricas de finales del siglo XX.


En contraste con el aire de solemnidad y la oscuridad que literalmente envuelven las artes escénicas en el Kasuga Wakamiya Onmatsuri, el festival conocido como Nagasaki Kunchi es un despliegue vibrante de danzas y relatos cortos y satíricos que se despliegan bajo los cielos azul brillante usuales de comienzos de otoño en el Santuario Suwa en la ciudad de Nagasaki en la prefectura de Nagasaki. Kunchi quiere decir noveno día; el festival, que ahora va de octubre 7 al 9, solía celebrarse en el noveno día del noveno mes del calendario lunar. Originado a comienzos del período Edo, el festival fue promovido por las autoridades shogunales locales supuestamente como una forma de desviar la atención que pudiera tener la gente hacia el cristianismo. Nagasaki no solo era un centro de Cristianismo, sino también el principal puerto de comercio exterior de Japón. Brillantes y fantásticos trajes chinos y europeos, música animada y atractivas carrozas -representaciones en materiales como cartón de barcos comerciales, entre otros- hacen del Nagasaki Kunchi hoy tanto un espectáculo histórico (y eventos turístico) como también un festival de santuario. La comunidades de la ciudad compiten entre ellas en montar un espectáculo tan animado y pulido como sea posible.


Tanto Nara como Nagasaki son por supuesto centros urbanos importantes. Las artes escénicas folclóricas son con frecuencia asociadas con lugares más rurales, tales como aquellos que pueden verse con ocasión del Mibu no Hana Taue, un festival de plantación de arroz con artes escénicas folclóricas que se lleva a cabo en el poblado de Chiyoda, que está metido en el interior de la prefectura de Hiroshima. El primer domingo de junio mujeres jóvenes en kimonos del mismo diseño caminan en el barro de un campo de arroz para cantar y plantar al unísono tallos verdes jóvenes de arroz. Acompañadas por la música de tambores, flautas y gongs, a las chicas se les unen hombres que tocan sasara, un instrumento hecho de tablillas de bambú o de madera. El sonido raspado distintivo del sasara ocupa un lugar destacado en las artes escénicas folclóricas. Los intérpretes de sasara del Mibu no Hana Taue se dice que encarnan las deidades que cuidan de los campos de cultivo.
 

Mibu no Hana Taue no estaría completo sin el desfile de cerca de diez bueyes adornadas con decoraciones que también son uno de los aspectos interesantes del espectáculo. Los bueyes ya no son bestias de carga; las maquinarias agrícolas son las que ahora hacen el trabajo. Son más bien bestias de cultura, consideradas como componentes esenciales de las presentaciones actuales.


Otro ejemplo de las artes escénicas folclóricas en un área rural es Ogano Kabuki. De una población de 13.000 habitantes de Ogano en la prefectura de Saitama, hay cerca de 150 personas -hombres, mujeres y niños- activos en Kabuki. Cada año seis presentaciones son usualmente programadas en Ogano: el 5 de marzo en el santuario Yamato Takeru, el 12 de abril en el santuario Oshika, el 3 de mayo en el santuario Kimusubi, el primer sábado de octubre en el santuario Myokengu, el tercer sábado de noviembre en el edificio del centro cultural de la población, y en diciembre 14 y 15 en el santuario Hachiman.


Ogano Kabuki es un gran ejemplo de un arte escénicas folclórica impulsada por el orgullo cívico. Descendiente de un grupo profesional que se estableció en Ogano a mediados del siglo XIX, Ogano Kabuki puede todavía demostrar la presencia de intérpretes profesionales en los años después de la II Guerra Mundial. En 1973, sin la posibilidad económica de mantener un kabuki profesional, los residentes de la población organizaron una sociedad de preservación que está a cargo del kabuki en la actualidad.


Ogano Kabuki fue una revelación inmediata para mí cuando lo vi por primera vez presentándose en el Centro Cultural Folclórico Prefectural de Saitama en 1993. Esa fue una oportunidad de ver no solamente el kabuki folclórico sino también el kabuki interpretado por mujeres. La obra era la famosa escena Amagasaki perteneciente a Ehon Taikoki (el libro ilustrado de los Taiko). Es la historia del encuentro sincero entre los personajes Akechi Mitsuhide y Mashiba Hisayoshi (nombre dado por el escritor a la figura histórica de Toyotomi Hideyoshi). En el proceso de tratar de matar a Hisayoshi antes de que Hisayoshi lo matara, Mitsuhide termina matando a su propia madre y presencia la muerte de su propio hijo. Esta es una obra de mucho dramatismo. Las impresionantes y muy diestras intérpretes que vi eran mujeres que componen una agrupación de solo mujeres entre los cinco grupos de Ogano Kabuki. En diciembre de 1982, Tamura Shizue, una residente de Ogano, fue a la sociedad de preservación para pedir que le enseñaran kabuki. Uno de los directores le preguntó si ella estaría interesada en revivir el kabuki en su vecindario -este dejó de producirse en 1948 (por intérpretes profesionales masculinos)- y ella estuvo de acuerdo, reuniendo luego una docena de mujeres que comenzaron a practicar en enero de 1983. Su debut se llevó a cabo durante el festival del Santuario Myôkengu, y desde entonces se han presentado en el festival todos los años. También se presentan en otras ocasiones, como cuando las vi en el Centro Cultural Folclórico. En Ogano como en otras partes, es el entusiasmo de aficionados dedicados quienes apoyan las artes escénicas folclóricas.


Con frecuencia los grupos de artes escénicas folclóricas son invitados a participar en una variedad de programas culturales folclóricos. En mayo de 1995 tuve la oportunidad de asistir a la reunión anual de la Unión Nacional de Ciudades, Pueblos y Aldeas para la Preservación y Promoción de las Artes Escénicas Folclóricas (Zenzoku Minzoku Geino Hozon Shinko Shichoson Renmei). Los cuatrocientos miembros de la organización incluyen representantes de divisiones de bienes culturales dentro de gobiernos prefecturales y municipales al igual que especialistas en artes escénicas folclóricas con diferentes afiliaciones tales como universidades o la Agencia de Asuntos Culturales. El propósito de la organización es el intercambio de ideas, y hasta cierto grado, coordinar el apoyo gubernamental a las artes escénicas folclóricas. Esta unión es la patrocinadora de eventos tales como la Convención Nacional de las Artes Escénicas Folclóricas.


Los miembros de la unión se reúnen cada año en una locación diferente, siempre en un lugar bien conocido por sus artes escénicas folclóricas. Una parte habitual de estas reuniones es una presentación para los asistentes. La reunió de 1995 se llevó a cabo en el poblado de Washimiya, en la prefectura de Saitama. Luego de un día de reuniones de negocios y un panel de discusión sobre el estado actual de las artes escénicas folclóricas, los asistentes fueron transportados en bus hasta el Santuario de Washinomiya cerca de allí. Filas de sillas plegables fueron ubicadas en frente al viejo escenario de madera que da de frente a la principal construcción del santuario. La palabra hono (ofrenda) está escrita en trazos gruesos sobre la cortina que cuelga del escenario -lo que quiere decir que las danzas y danza-teatro que se ejecutan sobre el escenario son ofrendas a los dioses del santuario.


Cuando observaba el programa de esa tarde fresca y húmeda en vísperas de la estación de la lluvia, no podía sino pensar que las funciones eran también un tipo de ofrenda a los burócratas que estaban presentes. Después de todo ellos son quienes distribuyen lo que el gobierno asigna para ayudar a los grupos de artes escénicas folclóricas para comprar y reparar los trajes, los instrumentos musicales y los implementos. Ellos también patrocinan eventos de artes escénicas folclóricas, designan ciertas representaciones como “bienes culturales”, y en general actúan como guardianes oficiales de la cultura tradicional.


Dos grupos se presentaron en 1995: integrantes de Washonomiya Saibara Kagura y de Edo no Sato Kagura -este último de Tokyo pero cuya historia está ligada con el kagura del Santuario Washinomiya. Los intérpretes se presentaron con trajes y máscaras del estilo del teatro Noh. Como en los teatros Noh y Kyôgen, temas serios fueron compensados con elementos cómicos. El grupo de Washonomiya Saibara Kagura incluye integrantes de la edad de estudiantes de secundaria. Aunque estos tienden a equivocarse sobre el escenario, tener la posibilidad de reclutar intérpretes jóvenes tanto masculinos como femeninos es algo de orgullo para esta agrupación.


Sea donde sea que se lleven a cabo los eventos de artes escénicas folclóricas, estos tienden a atraer a multitud de fotógrafos, y este no fue la excepción. Pareció llegar al punto en el que el público no estaba viendo kagura tanto como mirar a los fotógrafos tomando fotos de kagura. Seguramente fue invasivo para los intérpretes quienes literalmente tenían cámaras a pulgadas de sus rostros cada vez que se acercaban al borde del escenario. Sin duda fue invasivo para el público. Pero esta es una realidad en la vida actual de las artes escénicas folclóricas. Estos eventos son una oportunidad para que los fotógrafos divulguen buenas imágenes de la cultura tradicional en medio del Japón contemporáneo.


Los fotógrafos también fueron muy notorios en un evento especial de todo un día al cual también asistí en 1995 en el Museo Oni no Yakata (Casa de Demonios) en la ciudad de Kitakami en la prefectura de Iwate. Los demonios (oni) aparecen con frecuencia en el folclor, las artes escénicas y los festivales del área de Kitakami, que demuestra porqué del tema de este serio museo que abrió sus puertas en 1994.


El programa fue el segundo festival anual daijo kagura del museo. Las danzas y danza-teatro daijo kagura fueron alguna vez interpretadas por ascetas de montaña (yamabushi) en comunidades en el noreste del Japón.  La prefectura de Iwate es especialmente rica en este tipo de arte escénica folclórica.


Se repartieron volantes anunciando el evento durante la reunión de la Sociedad de Artes Escénicas Folclóricas y varios de nosotros que decidimos ir, nos reunimos el domingo en la mañana en la plataforma del Shinkansen (tren bala) en la Estación de Tokyo. Gracias a la gran velocidad de los trenes Shinkansen, un viaje de ida y regreso a Kitakami desde Tokyo se puede hacer en un día.


El museo está equipado con un hermoso escenario al aire libre usado principalmente para demostraciones mensuales de oni kenbai (danzas de demonios con espada), otro tipo de arte escénica folclórica por la que la zona de Kitakami es muy conocida. Debido a la lluvia frecuente, al momento de nuestra llegada las presentaciones habían sido cambiadas a la terraza exterior con techo del museo. A pesar de lo estrecho, el programa apretado que incluía más de media docena de grupos, todo se dio con fluidez.


Cada segmento, que duraba en promedio veinte a veinticinco minutos, estaba precedido por explicaciones dadas por Kadoya Mitsuaki, un especialista en artes escénicas folclóricas quien es profesor de la Universidad de Morioka y director del museo. Pienso que el enfoque del profesor Kadoya tendía a ser muy académico, como si se sintiera obligado a no dejar dudas en la mente del público, compuesto en su mayoría de residentes locales, con respecto a la importancia de su cultura regional. Sin embargo, Kodaya es un interlocutor dinámico y en cada pequeño intervalo sus palabras brillantemente servían de puente durante el tiempo en que el área del escenario tenía que ser preparada para la siguiente agrupación. Como la identidad local es lo más importante en las artes escénicas folclóricas, cada grupo cuelga sobre la pared anterior una cortina en la cual estaban claramente pintados su nombre y el nombre de su aldea o pueblo. También era necesario ubicar tambores, cojines para los músicos y la utilería ocasional que debía ser puesta en su sitio respectivo.


Las piezas incluían algunas variaciones de gongen mai, la característica danza ritual del león del kagura del noreste del Japón. A medida que la presentación avanza, un bailarín gradualmente se pone el traje y la máscara de gongen -en términos religiosos, una manifestación de una deidad shintoísta. La máscara gongen representa una criatura enorme y poderosa, cuyo sonido, los chasquidos de la mandíbula (manipulada por el bailarín desde dentro del traje) trae a la danza a un crescendo. Tan cautivadoras como fueron las danzas del león, el clímax del día fue una representación dramática de la parte central del cuento medieval de los hermanos Soga, quienes vengan la muerte de su padre. Los asistentes se conmovieron con la voz resonante y clara del narrador, quien contó la historia acompañado de tambor y flauta, y con los rostros muy expresivos de los bailarines quienes en verdad parecían hermanos.


El programa, que comenzó a las 10 a.m., concluyó a las 4 p.m. Cuando llegó la hora del almuerzo, el público sacó la comida que habían traído de casa: grandes bolas de arroz estilo picnic llamadas onigiri, junto con latas de cerveza, botellas de sake y termos con té. Era una salida de domingo, un día para relajarse y ver amigos, vecinos y familiares presentándose en un escenario. La gente iba y venía durante el día; cerca de treinta o cuarenta personas estaban viendo la función en algún momento del día.


El museo fue construido como una atracción para visitantes y como símbolo de la nueva ciudad de Kitakami, la cual, en el interés en la eficiencia administrativa, incorporó recientemente poblados cercanos. Kitakami parecía determinada a reversar los efectos del despoblamiento de la postguerra en el área. El museo es también una institución cultural que necesita del apoyo y validación de otras instituciones culturales. Aquellos que vinimos desde Tokyo en viaje de un día fuimos tratados como invitados de honor. Aunque los organizadores del evento esperaban la llegada del especialista principal de artes escénicas tradicionales de la Agencia de Asuntos Culturales, cuando el resto de nosotros (tres de universidades y uno del Instituto Nacional de Investigaciones de Bienes Culturales) nos bajamos del tren junto con él, también nos convertimos en VIP. Nos obsequiaron cajas de almuerzo, nos entrevistó un reportero de un periódico y nos hicieron pasar al cuarto de recepción del museo para tomar el té y para un seminario que no aparecía en el programa después de la función. Nuestros anfitriones eran tanto personal del museo como representantes del gobierno de la ciudad.

El día proporcionó un vistazo fascinante de las artes escénicas folclóricas como un elemento de cultura, política y economía. Si no hubiese sido por la oportunidad de ver presentaciones relacionadas con nuestro interés académico, mis colegas de Tokyo y yo no habríamos ido hasta Kitakami ese día. Pero nuestra presencia y cualquiera de lo que dijéramos y escribiéramos más adelante sobre daijo kagura fue obviamente percibido como algo útil para la ciudad y el museo en su deseo de ganar reconocimiento a través de las artes escénicas folclóricas. Gentilmente sugirieron al representante de la Agencia de Asuntos Culturales que daijo kagura debería ser un candidato para la designación nacional como bien cultural. Aunque contestó con una placentera pero no comprometedora respuesta, fue un momento revelador. La designación nacional tiene el poder de transmitir al todo el país el mensaje de que existe un importante ejemplo de cultura japonesa, y por extensión de que Kitakami es un lugar importante en Japón -donde vale la pena vivir, invertir, y por supuesto visitar.


Como incluso estos pocos ejemplos sugieren, las artes escénicas folclóricas del Japón cubren el mapa tanto en sentido literal como figurativo. Cómo han sido clasificados y nombrados es el tema de la siguiente sección.