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© Mauricio Martinez R..
PROYECTO GAGAKU
Universidad de Stanford
MÚSICAS
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EL TEATRO JAPONÉS DURANTE EL PERÍODO TOKUGAWA

por Toshio KAWATAKE ©



3. Características Comunes



Consideremos ahora algunas de las características que el Kabuki y el Bunraku tienen en común.


Primero, lo que es evidente de inmediato es la riqueza visual y la atracción cromática de los dos tipos de teatro. Como se puede ver fácilmente tanto en el Bunraku como en el Kabuki, las magnificas escenografías, la belleza de los trajes y peinados, y los adornos son abundantes en exquisitez y variedad. En Chûshingura por ejemplo, el escenario al momento de abrirse la cortina está lleno de paredes de piedra y una escalera también de piedra, y en la parte anterior al centro del escenario esta pintado un gran torii shintoista de bermellón que esta rodeado por filas de hojas que se alejan en la distancia. Allí la gente -los daimyô- llevan puesto el majestuoso tocado negro de la nobleza y trajes de mangas largas de color negro, amarillo y azul. Luego una hermosa joven entra en escena -el onnagata o actor de papeles femeninos- en un brillante traje rojo, y todos la reconocen como la esposa del joven daimyô Enya Hangan, quien siendo el personaje principal debe cometer suicidio. En el siguiente acto, más allá de los pisos de tatami se puede ver un espléndido muro dorado sobre el que están pintados algunos pinos. En seguida la escena cambia del cuarto del palacio a un lugar fuera del castillo en la oscuridad de la noche. Las escenas siguen cambiando desde campos cubiertos de flores amarillas que se extienden frente a una imagen distante del monte Fuji, hasta las profundidades de la noche en las montañas cuando ocurren dos asesinatos, luego hasta la casa de un campesino e incluso hasta las ruidosas calles del distrito Gion en Kyoto -una y otra escena van apareciendo. Aparece una mujer en las zonas de entretenimiento de Gion, ella es Okaru, cuyo elaborado peinado está engalanado con largas pinzas ornamentales en el estilo clásico de una cortesana.


Esta magnifica presencia y el sentido de belleza no se pueden hallar en antiguas formas como Bugaku, Noh y Kyôgen. No es que Bugaku carezca completamente del uso del color; su escenario esta rodeado por barandillas de bermellón salpicadas con accesorios ornamentales de color dorado y esta cubierto con una tela de verdes brillantes sobre la cual los bailarines se presentan vestidos con exóticos trajes de colores rojo, azul y verde y con extrañas máscaras que ocultan sus rostros. Pero Bugaku, que originalmente era para funciones al aire libre, carece de desarrollo dramático, su escenario no tiene escenografía y por tanto no hay cambios en este que vayan de acuerdo con las piezas ejecutadas, mientras que en Kabuki y en Bunraku el escenario cambia a medida que el contenido de la obra cambia. El Noh y el Kyôgen evitaron deliberadamente el uso de un escenario colorido; estos se interpretan en un espacio básicamente sin color o simplemente con el color de la madera. Como fondo el Noh utiliza sencillamente un viejo árbol de pino el cual nunca cambia. El público del Noh tan solo necesita escuchar los textos cantados del utai para imaginar las llanuras de pinos de Miho en la obra Hagoromo (La Capa de Plumas), el campo de batalla en Ichinotani durante la pieza Atsumori, y el templo en las profundidades de la montaña en Dôjôji (El Templo Dôjôji).


Tal ejercicio puramente simbólico no bastaría a los asistentes y ejecutantes de Kabuki y Bunraku ya que el colorido y realidad les son necesarios. Si hay referencia a un castillo, es necesario que haya un castillo. Si la escena es en el mar, debe poder verse el mar. Si es el barrio del placer, debe haber escenas de este, y si es una granja, pues debe haber una granja. Todo debe poderse reconocer inmediatamente y el público debería poder sentir como si estuviera en efecto en el lugar de la obra. Aun cuando el Bunraku es representado por títeres, estos deben parecer seres reales hasta el punto que sus trajes y estilo de peinado los identifica con una edad, nivel social y ocupación específicas de las personas que representan.


Aunque no se usen máscaras se podría decir que el mismo tipo de característica debería estar presente. En Noh las máscaras son utilizadas para representar la belleza de una mujer joven, o la furia de alguien invadido por los celos, como también lo es para representar dioses, demonios y espíritus. Y se dice que durante las representaciones de Noh la expresión de la máscara tallada en madera puede cambiar. Pero para el Kabuki esto no es suficiente. En Kabuki es posible ver en los rostros de los actores expresiones de jubilo y de rabia, de dolor y de alegría, igualmente de amor y de celos, de tristeza y de timidez, expresiones tomadas de la vida real y transmitidas en detalle a través de los ojos, la boca y los pómulos con la mayor realeza posible.


Esto es aún mas cierto cuando se refiere al llanto. Este es representado en Noh inclinando un poco el rostro cubierto con la máscara y colocando una o dos manos justo en frente de la parte inferior de los ojos. Tanto el Kabuki como el Bunraku emplean movimientos y expresiones vocales más realistas para expresar el llanto.


Incluso así las escenografías, trajes y también los diálogos y movimientos por supuesto no son iguales a los de la vida real. El diálogo por ejemplo tiene un tipo de ritmo y melodía musicales y los movimientos y gestos han sido modificados de varias formas. Los actores de Kabuki también utilizan expresiones de emoción o tienen sus caras maquilladas en formas que parecen grotescas a los extranjeros. Aunque estas características llaman la atención a algunos observadores, no se pueden considerar como las únicas que hay dentro del Kabuki. Lo que quiero enfatizar aquí es que aunque estas expresiones son muy diferentes del realismo o naturalismo del teatro occidental, son mucho más reales a las del Noh, y que su realidad está enraizada en la experiencia de la vida real.

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