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© Mauricio Martinez R..
PROYECTO GAGAKU
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PROTOTIPOS DEL NOH

por Yoshinobu INOURA ©


2. En Templos y Santuarios


En el siglo IX el hechicero (jushi; también llamado shushi, sushi, zushi o noronji), quien hacía encantamientos en templos y santuarios, llegó a participar con este acto en espectáculos como parte del programa de la ceremonia de exorcismo del Festival Tsuina del Año Nuevo, personificando el papel de Ryuten o Bishamon, deidades guardianas de Buda, y demonios cazadores (oni) como símbolos de obstáculos de la iluminación, cuyos papeles eran representados por empleados de bajo rango de templos conocidos como Sarugaku hoshi. También se hacían representaciones similares en el segundo y cuarto años lunares. Con el paso del tiempo perdieron su significado religioso serio. En el siglo XII el hechicero fue reemplazado frecuentemente por un empleado de templo en el papel del dios guardián.

Existieron mas de doce piezas, incluyendo la piezas Manjusri en T´ang (Daimyo Monju-te, en la cual Biddhisattva Manju -Manjusri en sánscrito- aparece sobre el lomo de un león), una pieza guerrera (musha-te) y una pieza de espadas (ken-te), interpretadas como modoki o parodias. En muchas de ellas se usaban trajes suntuosos para hacer que las piezas merecieran la atención de los cortesanos, para así competir con la posición y los movimientos de los intérpretes de Sarugaku. El hechicero ortodoxo era a veces conocido como ho-noronji. Las acciones tanto del ho-noronji como del jushi consistían de movimientos de galope conocidos como jushi-hashiri y actos de carreras rápidas llamadas hashiride. Este tipo de obras todavía existen en algunas regiones del país. Los templos, con el fin de propagar el budismo, produjeron obras primitivas basadas en tradiciones y leyendas, que hablaban de Buda rescatando del infierno a los muertos y enviandolos al paraíso. En ocasiones se contaban las historias a través de obras sencillas de títeres y esto hizo que la gente afiliada al templo las interpretara, y se esperaba que al final los mismos aldeanos comenzaran a presentar las obras.

La atención sobre el budismo había cambiado desde la clase hasta, hasta los estratos medio y bajo de la sociedad, y tales obras fueron instrumentos útiles por los cuales se propagó la religión hasta provincias remotas y hasta las clases más bajas de la población. Una rama especial del Budismo, Shugendo, también adoptó la misma política con mucho éxito. La razón del éxito de las obras en los templos budistas fue el hecho de que se adicionó el elemento de entretenimiento a los ritos solemnes en la construcción total del programa para darle así a la gente la sensación de familiaridad y para imprimir variedad a las obras.

En los santuarios shintoistas habían muy pocos desarrollos excepto por Kagura. Se celebraban algunas ceremonias en las cuales se usaban en forma efectiva canciones, danzas y diálogos, como la ceremonia de Okina que representaba la plegaria por la longevidad y por ricas y abundantes cosechas; u Onda, que era una plegaria y también una celebración nuevo año como anticipo a la suerte de los agricultores; o la ceremonia de plegaria para celebrar la buena fortuna de la vida en el mar y en las montañas. Onda, también llamada Taasobi o Harutauchi, consistía de encantamiento mágicos llevados a cabo en los precintos de los santuarios shintoistas, los cuales se hacían para los campos de arroz donde se ejecutaban unas series de piezas cortas que representaban la vida de los agricultores durante la siembra. Sin embargo la mayoría de estas ceremonias en gran parte habían surgido de la propia vida de la gente y difícilmente se pueden considerar como creaciones de los propios santuarios. Pero como sea los santuarios tenían Kagura cuya importancia como algo más alla del simple teatro se desarrollaría aún más con el tiempo.

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