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© Mauricio Martinez R..
PROYECTO GAGAKU
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TEATRO NOH: PRINCIPIOS Y PERSPECTIVAS

por Kunio KOMPARU ©


Traducido y publicado bajo autorización de

Floating World Editions



Parte Uno: Principios y Perspectivas


2. Tres Estados de Belleza: Realización Estética en Noh



2.3. Rôjaku (la Belleza en Calma)



El nivel de belleza en Noh que va más alla de yûgen es el estado de rôjaku. Rô significa viejo, y jaku quiere decir tranquilo y calmado; de esta forma se puede pensar que rôjaku es la belleza en calma del anciano. Existen muy pocas formas de teatro que le den a esto tal importancia como lo hace el Noh sobre el inevitable envejecimiento de los seres humanos, como lo podemos ver no solo por los contenidos de las obras sino también por el número de máscaras de personajes ancianos. Por supuesto no podemos estar seguros de si al comienzo la intención del Noh era la de proporcionar una experiencia estética a través de la contemplación de la figura anciana sobre el escenario, pero en contraste con la cálida elegancia del yûgen, la belleza simbólica del anciano frío, claro y solitario es más poética y de un orden más elevado. Este concepto fue refinado durante varios siglos por las sensibilidades tradicionales del Japón y permitió que floreciera en silencio. También desde el punto de vista de la interpretación Zeami afirma que, "la personificación de un anciano es el verdadero misterio del camino", y explica que el actor debe trabajar no solamente en forma física con el fin de ser capaz de representar el cuerpo de un anciano, sino que también debe explorar el proceso interno de envejecimiento y luego exteriorizarlo para crear la esencia de rôjaku.


Existen tres tipos de personajes ancianos que aparecen en Noh. Primero, en las obras de Noh con dioses como héroes, tales como Takasago y Arashiyama, el protagonista del primer acto en un hombre anciano, a veces acompañado por una anciana, seres de gran pureza que se aproximan a la santidad. (También hay personajes ancianos que simbolizan espíritus insensatos de árboles que aparecen en obras como Yugyô Yanagi y Saigyô-Zakura, pero estos son de una naturaleza diferente). Luego están los animados y furiosos personajes ancianos transformados en espíritus vengadores por el amor no correspondido, y aparecen en obras como Koi no Omoni y Aya no Tsuzumi. No importa lo conmovedoras que puedan ser las descripciones de estos personajes, ni tampoco el estar impregnados de gran profundidad psicológica y emotiva, esto nunca puede aproximarse a la profundidad ni a la brutalidad de la carga de la edad soportada por toda mujer hermosa y el terror a la fealdad que debe llegar con el paso de los años. Por tanto el personaje anciano supremo es la anciana en obras como Obasute, Higaki o Seki-dera Komachi, en las cuales una figura escuálida, vacilante a medida que se aproximan los momentos finales de su vida, está atormentada por los sentimientos de añoranza de los días ya vividos. La obra Obasute está basada en la práctica legendaria de abandonar al anciano en las montañas, y es una expresión del estado de vacío (mu) que revela el corazón a la luz de la luna, conciente de la verdad, de una anciana abandonada en las montañas. En Higaki el orgulloso pasado de una bailarina contrasta con la miseria y la nostalgia que siente en su estado de fealdad y vejez y el apego a su belleza juvenil se convierte como en llamas del infierno que torturan el espíritu de la anciana. En Seki-dera Komachi vemos la locura causada por la añoranza en el pasado de Ono no Komachi, una poetisa cortesana de legendario talento y belleza, quien ya tiene más de cien años y vive en una rústica choza.


A estas piezas se les considera las más misteriosas, profundas y exigentes en el repertorio del Noh, no solamente por la dificultad que los intérpretes masculinos tienen de imaginar la experiencia vivida por una mujer, sino también debido al hecho de tratar de lograr la belleza suprema en un estado de kotan (simplicidad refinada), wabi (elegancia tenue) y sabi (belleza simple), un tipo de belleza que va más alla de la elegancia etérea de yûgen, que puede ser expresada por los botones en flor en una rama marchita. Esta es la esencia de la belleza simbólica del Noh.

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