INICIO    MÚSICA    DANZA    TEATRO    PATRIMONIO    OKINAWA    AINU

Derechos Reservados
© Mauricio Martinez R..
PROYECTO GAGAKU
Universidad de Stanford
MÚSICAS
DE ASIA
INTERNET RADIO

HAYACHINE KAGURA

Introducción

-La Religión Folclórica Japonesa: Actitudes y Terminología
a. Terminología o “Lo Que hay en una Palabra”


A la luz de lo anterior, parece necesaria cierta claridad sobre términos familiares, ya que su significado podría variar levemente en el contexto japonés.

Por ejemplo, no existe una palabra nativa para “sagrado” en lo coloquial. De hecho, “sagrado” es mejor traducido como “
kami”. Aunque especialistas japoneses modernos han ideado un vocabulario nuevo para traducir conceptos occidentales como “sagrado” y “profano” (sei y zoku), el concepto japonés de lo sagrado no lleva consigo un concepto opuesto de profano debido a que los japoneses conciben un “mundo total” impregnado con el espíritu kami. Se podrían sugerir otras palabras tales como omedetai o “auspicioso”, pero estas proporcionan tan solo una solución parcial. En vez de la dicotomía sagrado/profano los especialistas japoneses han sugerido una división tripartita de hare, ke y kegare, siendo hare lo auspicioso y positivo, ke lo mundano y usual o neutral, y kegare lo tabú o contaminado. Al tiempo que esta división cae fuera del tema de este trabajo, debemos reconocer que incluso cuando se distingue entre tiempo y espacio para los rituales religiosos y el “espacio sagrado” e incluso cuando se protegen con seriedad los tabúes rituales de pureza y polución, el uso de la dicotomía sagrado/profano falla en expresar la noción japonesa, la cual reconoce la unidad subyacente y la sacralidad de la realidad.

Si entendemos lo sagrado como
kami, el concepto japonés de lo sagrado también debe compartir la doble naturaleza de los kami, quienes se cree poseen tanto aspectos o “caras” benevolentes como agresivas. Cuando los kami están enojados se tornan agresivos y hay que pacificarlos; cuando están felices son benevolentes; y ellos expresan su naturaleza de varias formas. De esta forma los kami no siempre son sorprendentes, y ellos le dan la bienvenida a rituales que no siempre son solemnes. De hecho, los kami de Japón prefieren las alabanzas en la forma de entretenimiento.

De esta forma
kagura, que es entretenimiento sagrado, expresa estados de ánimo que pueden ser a veces impresionantes, asustadores y solemnes, pero son con mayor frecuencia felices, entretenidos y cómicos. Los kami con frecuencia aparecen tan cálidos y no amenazantes, tan cercanos a las personas. Una celebración alegre, completa con canciones, danza y sake, es el rito kagura esencial. Como la naturaleza divina es multifacética, la eficacia mágica conectada con la danza y la música está presente tanto en los rituales solemnes como en los alegres. Esta característica esencial de todos los festivales japoneses puede ser ilustrada con la palabra asobi, usualmente traducida como “juego” y que carga complejidad similar; es con frecuencia usada para referirse a alabar o servir, por ejemplo, complacer a los kami. Así en Japón lo sagrado con frecuencia quiere decir gran entretenimiento. Por tanto, cuando la palabra “sagrado” es usada aquí, debe entenderse como descripción de la naturaleza divina y la cualidad de celebración de un evento, un personaje, una deidad y de la existencia, y no como lo opuesto a “profano”.

En referencia a “religión folclórica” japonesa (
minzoku shûkyô), la palabra “religión” también debe ser considerada. Los especialistas japoneses usan el neologismo shûkyô para referirse a “religión” pero esta palabra tiene connotaciones institucionales y sectarias, mientras que la religión folclórica japonesa nunca estuvo institucionalizada ni organizada. En forma similar, las palabras o michi (camino), y kyô (enseñanza) han servido con frecuencia como los conceptos tradicionales para religión, pero la religión folclórica japonesa no puede ser entendida como un “camino” o una “enseñanza”. Más bien, esta consiste principalmente de rituales y prácticas locales que son “mágico-religiosos” en carácter. Como tal, tienen que ver con las necesidades terrenales diarias de la gente -con la protección mágica contra los males a través de propagar la cura, la fertilidad, la prosperidad y la longevidad, al igual que la armonía, la paz y la buena fortuna. En la religión folclórica incluso los Budas y Bodisattvas universales trabajan por el beneficio terrenal del la gente. En su dinamismo, expresión y esencia, esta es una tradición religiosa pragmática y ritualista.


Términos como “Shintoísmo”, “Budismo” o “Taoísmo”, que a veces parecen desactualizados hoy en día, no se refieren a totalidades monolíticas; estas designaciones deben ser entendidas aquí como un referente al complejo sincretismo o “combinación” y a la acumulación histórica, que son la característica de estas tradiciones religiosas. Se emplean esos nombres tratando de encontrar la forma conveniente de llamarlas.

En la misma línea, no seguiré el ejemplo de especialistas que se rehúsan totalmente al uso de la palabra “religión”. Con toda la problemática de esta palabra, la encuentro como la más útil y generalmente como el concepto que se entiende más claramente, en lo histórico, institucional, conceptual y práctico. En este estudio se usa indistintamente con “tradición”. Me siento inclinada a adoptar la muy conocida definición de Clifford Geertz, que ve a la religión como un “sistema de símbolos que actúa para establecer formas de sentir y motivaciones poderosas, penetrantes y de larga duración en los hombres al formular concepciones de un orden general de existencia y arropando estas concepciones con tal aura de factibilidad que los modos de sentir y motivaciones parecen singularmente realistas”. Sin embargo, cualquier definición de religión japonesa también debería incluir un énfasis sobre la centralidad de la praxis, es decir, ritos y festivales. La afirmación de Victor Turner de que la “religión, como arte, vive mientras sea ejecutada”, aunque aplicándola a la mayoría de tradiciones religiosas, es esencialmente aplicable a la religión folclórica japonesa en la cual la mayor preocupación es con la representación concreta de ritos dirigidos lograr resultados terrenales concretos.


Esto que tiene que ver con la eficacia mágica y los resultados terrenales da origen a la discusión muy comentada y casi “tradicional” (aunque con frecuencia completamente irrelevante) de la distinción entre “religión” y “magia”. Por fortuna, este debate está fuera de la esfera de este estudio, aunque una muy vaga distinción entre los dos términos sería útil para nuestro propósito. Mientras que “religión” se refiere al “sistema” completo en el amplio sentido Geertzian, “magia” caracteriza una acción humana dentro del gran contexto, cuyo propósito es lograr resultados específicos, usualmente con la participación de poderes sobrenaturales. De hecho, “religioso” aquí quiere decir “mágico-religioso”, y con frecuencia los términos son usados indistintamente, especialmente en el contexto de la tradición Shugendô cuyos practicantes han servido como hechiceros, curanderos y adivinadores para la gente común.

Algo ilustrativo de las acciones mágico-religiosas de Shugendô es el rito especial de kaji kitô, un tipo de ritual-alabanza mágico en el cual el yamabushi (practicante de Shugendô) primero le ora a su deidad guardiana para ser dotado y participar de los poderes de la deidad; asumiendo estos poderes divinos (con el consentimiento de la deidad), luego procede a manipularlos en sus diferentes actos mágicos de encantamientos exorcistas, de curación y de fertilidad. De esta forma el yamabushi rinde culto a las fuerzas que él manipula y se convierte en esas fuerzas que hay en él. En este contexto, la distinción entre lo mágico y lo chamánico se empaña, al igual que lo es entre magia y religión. La esencia chamánica y mágico-religiosa del rito kaji kitô se representa en nuestro kagura.   


    



       






TEATRO