por
LUIS DIAZ
Uno
de los más renombrados expertos del budismo Zen japonés,
el maestro Nishijima, habla sobre la meditación, la vida
y la muerte.
El
monje Zen
Para
un periodista, quizás uno de los personajes más
difíciles de entrevistar, más que cualquier político
experto en retórica, más que cualquier científico
loco, es un monje Zen. Esto, porque sus respuestas provienen de
otra lógica, de una forma diametralmente distinta de ver
la vida.
Así,
algunos monjes Zen, en vez de responder cogen una flor y la hacen
girar y lo miran a uno con una cara de ¿entendiste?.
Otros, levantan un bastón y le dan un golpe en la espalda
a uno para luego hacer sonar la campana, lo que indica que la
entrevista terminó. Por esto mismo, al preguntarle al maestro
Nishijima por el significado de la felicidad la respuesta no dejó
de sorprender. Según él, la felicidad es nada menos
que el equilibrio entre el sistema nervioso simpático
y el parasimpático.
El
maestro Nishijima o Sensei, como le llaman sus alumnos, es todo
un personaje. Tiene 80 años, se levanta todos los días
a las cuatro de la mañana, dirige un dojo donde personas
de todo el mundo lo visitan para estudiar Budismo Zen. Trabaja,
además, como consultor económico en una exitosa
empresa de cosméticos, traduce libros del japonés
y sánscrito al inglés y no se cansa de repetirle
a sus estudiantes que lo único propio de los seres humanos
es la acción.
En
las afueras de Tokio, en el distrito de Chiba, Nishijima dirige
el dojo o lugar de conocimiento, y al terminar la primera meditación
a las siete de la mañana conversa con nosotros durante
el desayuno, sobre la meditación, la vida y la muerte.
Cuatro
pilares del Zen
-Para muchos occidentales, esto de sentarse con las piernas cruzadas,
en silencio y durante horas resulta difícil de entender.
¿Cómo explicaría Ud. el propósito
de esta práctica?
-A
pesar de que existen diversos linajes del budismo, todos comparten
algunos puntos esenciales. En el budismo, recordamos la unión
que existe entre cuerpo y mente. Al darnos cuenta de este hecho
tan elemental, pero olvidado, en forma natural volvemos nuestras
vidas hacia el camino intermedio.
Una
vez en el camino intermedio percibimos que el pasado y el futuro
existen sólo en nuestras neuronas y que lo único
que nos pertenece es el aquí y el ahora. Cuando nuestras
vidas han sido tocadas por el aquí y el ahora logramos
entender con nuestro cuerpo-mente que la esencia primordial de
la realidad es la acción.
-¿Podría
explicar un poco más cada punto?
-Una
persona que piensa mucho es tensa y tiende a ser idealista. Por
el contrario, una que se centra en sus sensaciones corporales
suele ser más relajada y hedonista. Al unificar nuestro
cuerpo y mente nos equilibramos; ni muy tensos ni muy relajados.
Al estar en armonía podemos aprehender la brisa del momento
presente. Pero éste es efímero, instantáneo.
No podemos ni pensar sobre él ni sentirlo.
¿Qué
hacemos entonces? Actuamos. Nuestras vidas, por lo tanto, son
una serie de acciones y en el budismo Zen reconocemos las acciones
puras, donde mente y cuerpo han recobrado su unión.
-¿Cómo
se relaciona todo esto con la meditación sentados?
-Al
hacer Zazen estos cuatro puntos que te indiqué se encarnan
en uno. Después de algunos momentos de estar sentados con
la columna erguida, ojos abiertos y respiración natural,
nos damos cuenta que, al no prestarle atención a los pensamientos
y sensaciones del cuerpo, mente y cuerpo son una misma cosa, nunca
han estado separados.
Dicho
de otra forma, en el cuerpo, el sistema nervioso autónomo
se divide en el simpático y el parasimpático. En
forma muy resumida, uno nos mueve a la actividad y el otro a la
pasividad. En Zazen logramos el equilibrio entre ambos, lo que
nos permite volver a nuestro estado original de armonía.
Tu
y yo vamos a morir
Después
de que termina la última meditación, a las nueve
de la noche, antes de ir a dormir, Nishijima la define como un
golpe o un choque. Citando a Dogen, quien fue el padre del budismo
Zen japonés en el siglo XIII, Nishijima dice que una persona
que siente la necesidad y urgencia por seguir el camino de la
meditación ha sido golpeada o chocada por la realidad.
Para
ello, pone como ejemplo a los extranjeros y japoneses que han
llegado a su dojo por décadas. Muchos de ellos son gente
común y corriente. Otros, según explica, han sido
deportistas y escaladores que en algún momento de sus vidas
han hecho algo extraordinario y luego pasan sus vidas tratando
de explicárselo.
También
hay personas que han debido enfrentar una situación límite
y que han actuado en forma pura, se han olvidado de sí
mismos por un instante y han logrado también algo extraordinario,
que en la vida diaria jamás podrían siquiera soñar
en conseguir.
Todas
estas personas, dice Nishijima, llegan al budismo Zen porque
se dan cuenta que lo que experimentaron fue un momento de acción
pura, donde el cuerpo y la mente estaban unidos en el aquí
y ahora, al igual que en Zazen.
-Pero
en la vida existe un sinnúmero de acciones, como las malas
también ¿no es verdad? -Sí, es cierto. Sin
embargo, una persona que está equilibrada, en forma natural
hace el bien. Para esa persona hacer el mal es imposible. -En
todos estos años de experiencia, ¿son muchas las
personas que han experimentado este golpe con la realidad? - No.
El hecho que ocurra es una bendición. La mayoría
de las personas, no sólo aquí en Japón, sino
que también creo en tu país, vive como si estuvieran
anestesiadas. La vida les pasa por encima y no se enteran de ello.
Todos vamos a morir, pero son contados los que sienten la urgencia
por vivir.