por
LUIS DIAZ
El
ingreso a las universidades japonesas es extremadamente competitivo,
lo que obliga a los jóvenes a pasar largas horas preparando
pruebas de alternativas múltiples.
Toshi
(3) con pantalones cortos, en su primer día de clases del
jardín infantil ya ha escuchado hablar sobre el infierno.
Al igual que la mayoría de sus compañeros, si quiere
ingresar a una buena universidad, tendrá que estudiar como
ningún otro joven en el mundo para enfrentar con éxito
el shiken jigoku, el infierno de los exámenes.
Pero
para ser aceptado en un jardín infantil es necesario pasar
una prueba, en la cual el pequeño debe reconocer letras
del silabario japonés o demostrar ciertas habilidades sicomotoras
básicas. Si también puede pronunciar una o dos palabras
en inglés, mucho mejor. Es por eso que últimamente
algunos padres llevan a sus niños a clases de inglés
en institutos especializados, cuando aún no cumplen los
tres años.
En
este proceso, la madre no sólo es testigo, sino que además,
al momento del examen de ingreso, debe poseer una presentación
impecable y demostrar un conocimiento perfecto del lenguaje honorífico.
De lo contrario, puede perjudicar las posibilidades de su hijo.
La
madre de Toshi, Eriko Nakajima (29), antes de llevar a su hijo
para la prueba de ingreso en el jardín infantil, fue a
visitar a su padre para que le corrigiera cualquier error en el
uso del lenguaje honorífico. Según dice, las
jóvenes de mi edad ya no usamos tanto el lenguaje honorífico
como lo hacía la generación de mis padres, así
es que para no cometer ningún error que pueda causar mala
impresión en los profesores mejor me preparo.
La
mamá educativa
Debido
a que las grandes compañías seleccionarán
a sus futuros trabajadores en las mejores universidades, los alumnos
saben que el examen les determinará su vida. Es por eso
que los estudiantes vuelcan todas sus energías para lograr
el objetivo. Casi todos aspiran a ingresar a la Universidad de
Tokio. Para lograrlo, incluso algunos, demostrando un fervor casi
religioso, dejan sus pasatiempos, deportes y vida social por los
exámenes.
Existe
en Japón una extensa red de preuniversitarios juku,
que preparan al muchacho desde temprana edad para los exámenes.
Al terminar las clases en la tarde, en vez de volver a casa, los
jóvenes se dirigen a los preuniversitarios donde permanecen
a veces hasta pasado las nueve de la noche.
Al
llegar a casa, su madre le tendrá lista la comida y con
seguridad el mismo muchacho, especialmente en los últimos
años del colegio, seguirá estudiando hasta media
noche o más tarde. Esta costumbre ha dado origen a la expresión
kyoiku mama o mamá educativa. Ella se encarga
de velar porque el muchacho o muchacha estudie y trata de que
nada lo distraiga.
Como,
por lo general, el padre está ausente trabajando, a la
madre se la considerará responsable del éxito o
fracaso en los exámenes del hijo. Este hecho implica no
sólo una presión familiar para que el hijo apruebe
el examen de admisión, sino que también se da una
presión social.
Es
por eso que la madre, a su vez, se encarga de que su hijo pase
los exámenes sea como sea. El profesor de sociología
de la Universidad Sophia , ubicada en el centro de Tokio, John
Clammer explica que el hecho de no pasar las pruebas puede resultar
devastador psicológicamente y no sólo para el estudiante.
¿Un
Bill Gates Japonés?
Para
el pueblo japonés, la educación siempre ha sido
la máxima prioridad. De hecho, pocos años atrás,
el sistema educativo japonés era considerado como uno de
los mejores del mundo. Dicho prestigio, en parte, se debía
a las altas notas (con frecuencia las mejores) que obtenían
los alumnos japoneses en pruebas internacionales de matemáticas
y a la supuesta conexión con el éxito económico.
Sin embargo, hoy sólo se escuchan críticas en todos
los sectores de la sociedad japonesa.
Según
cifras del Ministerio de educación la cantidad de alumnos
que en 1985 rehusaba asistir a clases llegaba a los 41 mil. El
año 98 esa cifra superó los 100 mil estudiantes.
Para el profesor de inglés de la Universidad de Chiba,
Takeshi Murakami el sistema de exámenes debe modificarse
por completo, ya que asfixia al alumno con un tsunami de
exámenes de alternativas múltiples que no estimulan
el pensar, sino memorizar.
Una
visión similar acerca del tema tiene el profesor Ryoichi
Kawakami, quien ha enseñado a estudiantes de enseñanza
media por más de 34 años. Califica la situación
de los colegios como de colapso. En un informe que
elaboró el 98, Kawakami señala que la crisis por
la que atraviesan los colegios se debe a que éstos, que
se rigen por los principios establecidos durante el período
Meiji (1868-1912), no han sabido amoldarse al tremendo cambio
que ha experimentado la sociedad japonesa desde hace dos décadas.
Pero
no sólo los catedráticos están conscientes
de que el sistema no puede seguir igual. En las ocasiones en que
Bill Gates ha visitado Japón para promocionar sus productos
informáticos, los hombres de negocios y empresarios japoneses
se han preguntado si es posible que surja en Japón un personaje
similar, en medio de un sistema educativo que no fomenta la originalidad.
Nieve
o Cerezo en Flor
Si
bien parece existir un consenso entre los actores sociales de
la sociedad japonesa de que es necesario modificar el sistema
de exámenes, mientras no se produzca el cambio los alumnos
deben seguir estudiando.
El
período de exámenes depende de la Universidad a
la que uno postule, sin embargo, febrero es un mes clave para
todo estudiante. Después de años de preparar las
pruebas, de sacrificar horas de sueño, de olvidarse de
sábados y domingos, todo está dispuesto para enfrentar
el desafío.
Antes
del examen la familia del muchacho o muchacha ya ha avisado al
médico de turno en caso de que ocurra alguna emergencia
que le pueda impedir dar el examen. Si el estudiante vive en provincia,
los hoteles de las ciudades ofrecen habitaciones con descuentos
especiales y en la recepción un mensaje de apoyo Gambare
(esfuérzate). El sistema de trenes y metros en Tokio y
otras ciudades es confiable y puntual. Sin embargo, si algo ocurre,
cualquier retraso, todo está previsto, ya que se comunicarán
con las universidades y las pruebas se retrasarán para
no perjudicar a nadie.
En
las universidades el ambiente es tenso. Sólo se permite
la entrada a los que van a rendir los exámenes o a los
alumnos antiguos. Muchas veces las madres esperan fuera al terminar
el día para dar una palabra de aliento. Algunos estudiantes,
durante el descanso de almuerzo, al divisar a un alumno antiguo,
como señal de buena suerte, se acercan y le piden que les
dé la mano.
Una
vez terminado este estresante proceso, sólo queda esperar
unas semanas para el resultado. Si uno vive cerca de la universidad
en la cual se rindió examen, a partir de las nueve de la
mañana se publican los números de inscripción
en una pizarra. A los que viven lejos, la universidad les envía
una notificación donde queda de manifiesto el sentido poético
del pueblo japonés.
Para
el alumno que tuvo la suerte de aprobar, la notificación
leerá: Sakura ga saita (el árbol del Cerezo ha florecido).
Si por desgracia fue reprobado, Etsuzan no yuki fukashi (ha nevado
intensamente en la montaña de Niigata).
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© Mauricio Martinez R. - http://www.japonartesescenicas.org